Como educadora y estudiante que ha adoptado Seed Hypermedia como herramienta, he llegado a comprender que los espacios digitales que habitamos determinan la calidad de nuestro pensamiento, una consideración que SHM tiene muy presente en su desarrollo. En calidad de "ecosistema", propicia un entorno donde el conocimiento se conserva, crece y se transforma colectivamente.
Por ello, a la hora de considerar las diferencias entre las herramientas de base de conocimiento y las de gestión de proyectos, reconozco esa tensión que ya se aborda en lo escrito por Gabo: respondemos a dos preguntas diferentes (¿qué sabemos? / ¿qué hacemos?) que caracterizan uno y otro modelo. Las bases de conocimiento cuentan con una estructura estable y se enfocan en la claridad; en cambio, la gestión de proyectos vive en la temporalidad de los plazos y el constante cambio.
La tensión mencionada no debe desalentarnos y obligar a tomar un único camino para estos espacios de trabajo pues, como bien señala la reflexión en , creo que pueden coexistir. Aunque, de hacerlo, ¿habría de ser de forma explícitamente separada? ¿Quiere alguien que construye una base de conocimiento que su espacio de investigación esté "contaminado" por la urgencia de lo entregable? ¿Quien gestiona un proyecto verá su trabajo ralentizado por la profundidad reflexiva que exige una base de conocimiento robusta?
Hasta el momento, había valorado Seed Hypermedia como un espacio que recuerda a las comunidades epistémicas donde el conocimiento se valida, se cuestiona y se expande mediante una interacción genuina (como la que tuvo lugar en Cibercultura). No es casualidad que Eric Vicente y Gabo H Beaumont discutiesen sobre la oportunidad de explicar SHM como una herramienta de base de conocimiento para LLMS siguiendo el tweet de Karpathy. Hay algo profundamente democratizador en un sistema que proporciona autoría y libertad de pensamiento.
En mi experiencia, cuando los estudiantes perciben que sus contribuciones al repositorio colectivo serán leídas, valoradas y utilizadas por otros —incluidos sus profesores y compañeros—, su relación con el conocimiento se transforma radicalmente. Dejan de escribir para cumplir un requisito y comienzan a documentar para ser comprendidos, a organizar para ser útiles y a cuestionar para profundizar.
El uso de Seed como base de conocimiento es evidente, real y alcanzable. ¿Y como gestor de proyectos? La dicotomía puede salvarse. La reflexión que acompaña el material original en la sección de comentarios es explícita:
Seed should work for both, an integrated system for project management and Knowledge bases following Engelbart's H/LAMT.
Es tan importante que los miembros de una comunidad de conocimiento puedan documentar sus hallazgos en las bases de conocimiento como que puedan traducir ese entendimiento en acciones concretas. Y sin duda lo mismo ocurre en el otro sentido. En los entornos de trabajo intelectual genuino —ya sea en el aula, en un equipo de investigación o en una comunidad de práctica—, el saber y el hacer se alimentan mutuamente.
Lo que Seed propone, en sintonía con la visión de Engelbart, es un continuum donde la documentación crece orgánicamente desde la acción y la acción se determina desde la documentación compartida. Un hito en un proyecto puede enlazar a una reflexión abierta; una nota teórica puede generar tareas distribuidas; un debate sobre una fuente puede derivar en una decisión ejecutable. A fin de cuentas la metáfora clave de aquí es lo hipermedia: un tejido donde la gestión se vuelve una conversación.
Considero que estudiantes, docentes o creadores pueden encontrar en Seed Hypermedia un terreno fértil donde pueden pensar y hacer en el mismo lugar, al mismo tiempo, y con la ayuda de más personas.
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