La enseñanza de la gramática en Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato ha suscitado encarnizados debates. En ellos las diferentes posturas han arrastrado por tierra a la gramática hasta llevarla al terreno de la inutilidad: herida de gravedad, parece que esta ciencia no es más que un medio para lograr un fin y, a la luz de la más reciente ley educativa, esto es lo que se está transmitiendo en las aulas. Una decisión que lamento tanto como lo harían Rodríguez y Montolí.
En primer lugar, resulta notorio el resalte utilitarista que habitualmente se hace respecto de la gramática: Rodríguez (2011) menciona las bases sobre las que se ha cimentado la opinión acerca de la enseñanza de esta ciencia: «negar la utilidad de la gramática como contenido de enseñanza o vincularla a la mejora del uso lingüístico». Montolí (2020) parte de la misma cuestión del objeto de estudio y dirige el foco a la percepción del alumnado: los adolescentes tampoco parecen saber a ciencia cierta por qué están estudiando esta materia.
Ambos académicos se muestran convencidos de que el primer vínculo a establecer entre alumno y asignatura sería el de asimilar que la lengua forma parte de nosotros inextricablemente. La curiosidad del infante que pregunta el porqué de todo no debe morir antes de pasar al instituto: «¿por qué la lengua está construida de tal modo? ¿Por qué decimos esto así y no de aquella otra manera? ¿Por qué esto suena mal?» Todas las preguntas que puedan generarse en el aula parten de un primer ejercicio de observación y, a este respecto, los docentes concuerdan con que se ha de perseguir el desarrollo de la competencia metalingüística, es decir, que el alumno sea capaz de reflexionar sobre los fenómenos lingüísticos que ha observado y analizado. Y dado el caso, expresar su meditación en un lenguaje específico de ser posible, algo en lo que debemos formarlos paulatinamente a través del aprendizaje significativo que Montolí propone.
Asimismo, otro punto de unión vital que se establece entre sendas metodologías es el de la adaptación del profesor al grupo. Debemos ejercer de guías para un alumno que cuenta con un bagaje nada despreciable —aunque a veces bajo el polvo acumulado durante los meses que separan un curso de otro— con el fin de que se adscriba a un perfil despierto, activo e interesado, teniendo presente que su motivación siempre estará influenciada por un contexto socioeconómico; para ello contamos con diversas herramientas que podríamos asignar a dos grupos diferenciados por el profesor catalán: el tradicional o memorístico y el activo o lúdico. Al igual que él, encuentro una necedad el despreciar uno u otro cuando ambos enfoques resultan de suma utilidad dependiendo del grupo al que haya que educar en esta ciencia.
Por otro lado, la metodología de Rodríguez parece aproximarse más a una orientada al segundo ciclo de la Educación Secundaria Obligatoria y al Bachillerato más que a cursos inferiores dada su pertinacia en actividades gramaticales metalingüísticas para las que se ha de haber asentado una base. Por ello me inclino favorablemente a la propuesta de Montolí: la gamificación dosificada y la literatura son, respectivamente, una interesante y eficaz metodología y una excelente fuente de datos lingüísticos que acercan más al estudiante de cualquier edad a esta fascinante área que, debido a la enseñanza más tradicional, se les ha venido atragantando desde hace años.
Como conclusión, si bien no puedo demeritar la magnífica propuesta de Rodríguez en cuanto a la instrucción en la reflexión metalingüística, tengo la impresión de que la misma está limitada por su propio radio de acción, esto es, es un paso más en el camino correcto; sin embargo, Montolí traza una vía más completa. La afinidad que siento con la metodología del antedicho se ve nutrida por su percepción tan pragmática y sincera de la realidad que ve en las aulas. Su aplicación pedagógica comprende los diversos factores que pueden alterar el aula, objeto particular de la didáctica de la lengua, y reconoce el eclecticismo de la práctica docente al servicio de la necesidad e interés de los estudiantes.
Bibliografía
Montolí, V. (2020). Enseñar gramática en secundaria. Revista ReGrOC. https://revistes.uab.cat/regroc/article/view/v3-n1-montoli
Rodríguez Gonzalo, C. (2011). La reflexión sobre la lengua y la enseñanza de la gramática. Didáctica de la Lengua y de la Literatura, nº 58, 60-73.
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