Cinco elementos de una deliberación ética
El diálogo argumentado: La argumentación es lo más esencial, y según Habermas la única fuerza relevante en la deliberación es la fuerza del argumento.
La participación inclusiva: Las partes involucradas en la deliberación son un factor importante para garantizar su legitimidad y éxito. Desde una perspectiva socio- política, la deliberación pública debe incluir a participantes que representen un amplio espectro de individuos, desde ciudadanos comunes hasta decisores en ámbitos estratégicos de decisión, quienes deberían tener dentro de esa deliberación el mismo estatus y oportunidad de participación.
Los principios del proceso deliberativo: el respeto, la apertura mental, una disposición a escuchar y la empatía. Tener una mente abierta permite a los participantes no aferrarse demasiado a sus propias opiniones para que puedan cambiarlas si se les presentan argumentos para hacerlo. Sin embargo, la apertura mental no debe confundirse con el rechazo de los intereses propios. De hecho, se ha argumentado que la incorporación de los intereses propios ayuda a que la deliberación resulte en el bien común más equitativo.
Expertos y moderadores: Para que la deliberación sea más efectiva, además de un grupo inclusivo de participantes, ha de incluir expertos y moderadores que puedan ayudar a guiar la discusión.
Objetivo último de la deliberación: La deliberación puede responder a varios objetivos: alcanzar consensos, negociar intereses y puntos de vista, o simplemente generar inteligencia colectiva.
Fases del método Ethos
Ethosfera ofrece un método propio –Do the Right Think©– que incorpora la dimensión ética en la toma de decisiones estratégicas. Se trata de una herramienta diseñada para ayudar a decisores públicos y privados a pensar bien ante dilemas complejos, deliberando sobre la mejor información disponible, integrando una pluralidad de voces y aplicando sistemas de razonamiento moral y ético.
La deliberación ética se lleva a cabo en las sesiones plenarias del consejo y en las reuniones de la alta dirección. También puede llevarse a cabo en sesiones más participativas de distintos departamentos de la empresa y con stakeholders externos.
Las sesiones incluyen presentaciones teóricas, procedimientos pactados que aseguran la participación de cada miembro en una atmósfera de confianza y respeto mutuo. Cada sesión está centrada en un problema, oportunidad o desafío específico.
Este método está compuesto por los siguientes fases:
1. Selección de los deliberantes
El primer elemento del método tiene que ver con la identificación y selección de las personas o entidades relevantes para afrontar el problema, oportunidad o desafío, aquellas que pueden influir o verse afectadas por la decisión final. Ello requiere una evaluación de los diversos grupos de interés y la identificación de aquellos que son capaces de representar a su grupo o colectivo en la deliberación orientada a una decisión estratégica.
En los foros de Ethosfera, reunimos en la misma sala a expertos de diversos sectores como la Alta Administración del Estado, empresarios, sociedad civil, y expertos en filosofía y ética empresarial, así como a un moderador que dirigirá la sesión en su totalidad.
2. Análisis del contexto
En esta fase desarrollamos un análisis de la situación con datos y tendencias relevantes que compartimos con los participantes con antelación. En el análisis de la información relevante, los deliberantes tienen que ser capaces de ejercitar la virtud de la excelencia intelectual, que reúne la curiosidad y la apertura mental. La curiosidad tiene que ver con la disposición a aprender, y la apertura mental implica tener una actitud receptiva hacia nueva información y sobre todo hacia diversos puntos de vista. Lo opuesto a esta excelencia intelectual puede considerarse como una “autosuficiencia intelectual”, en la que las personas muestran falta de interés con respecto a nueva información y se sienten amenazadas por otros puntos de vista que difieren de los suyos (Baron, 2013; Gini & Green, 2013; Liautaud, 2021).
3. Identificación y reflexión acerca de la dimensión moral
En este elemento se aborda la dimensión moral del problema. En esta parte brotan las intuiciones morales subjetivas de los diversos participantes en la deliberación, una noción fundamental asociada con la “conciencia moral” (Rest, 1986). A veces se describe como el “reconocimiento de un dilema moral” (Woiceshyn, 2011) o la “identificación del problema moral” (Countess of Frederiksborg & Fort, 2017).
Reconocer que el tema sobre el que se va a deliberar tiene un componente moral es un paso necesario para garantizar la variable ética en la toma de decisiones. Cuando los deliberantes no reconocen la naturaleza moral de una situación y sólo consideran los factores económicos que están en juego, se hace inviable el pensamiento ético (Miller et al., 2014). Comprender la dimensión moral del asunto depende de los niveles de conciencia moral de cada uno de los participantes en el proceso deliberativo. Estos niveles pueden mejorarse a través de la formación ética. La conciencia moral no es lo mismo que una conducta ética, y aunque es un componente crítico, debe considerarse como el punto de partida para el resto del proceso decisorio (Miller et al., 2014).
4. Diálogo y deliberación ética
En este punto los deliberantes se dividen un subgrupos que incluyan las distintas de categorías de los grupos de interés. En cada grupo habrá un moderador y un portavoz. Ante situaciones de gran incertidumbre o complejidad, es útil recurrir a diversas perspectivas racionales y sistemáticas desarrolladas por quienes dedicaron su vida a discernir lo bueno de lo malo con aspiración de alcanzar un marco objetivo o universalizable. A través de la deliberación ética que proponemos bajo este método, logramos una inmersión en la forma de pensar y en la búsqueda colectiva de resoluciones con vocación de imparcialidad, que trascienden la subjetividad de cada uno de los actores en el grupo (Baron, 2013; Sandel, 2010). En la práctica este ejercicio de filosofía aplicada se está llevando a cabo de una manera más o menos consciente en el campo de las decisiones empresariales. A través de la reflexión filosófica hacemos explícitos ciertos sistemas que permean nuestro razonamiento orientado a la acción (Drašček et al., 2021)
Se delibera incorporando diversos sistemas de razonamiento moral y ético. En la primera sesión de la II Edición del foro Mejores Empresas, Mejor Democracia, los filósofos Diego Garrocho y Jorge Úbeda abordaron los principales sistemas éticos que sirven de base para una deliberación ética:
Ética de Virtudes
No hay liderazgo ético sin el cultivo de un carácter ético: es la vieja verdad de Aristóteles que se conserva en pie después de más de dos milenios. El carácter ético consiste en el ejercicio de aquellos hábitos por los que controlamos nuestras emociones y logramos la virtud ética superior, la serenidad, necesaria para una vida feliz. Además, el carácter se completa con el ejercicio de la prudencia, que no es más que la sabiduría práctica del que ha aprendido a deliberar sobre todas aquellas posibilidades que se le presentan, eligiendo lo mejor y movilizando las virtudes éticas para lograrlo.
Ahora bien, la deliberación no es solo un proceso individual, sino social porque a la hora de saber qué hacer atendemos a las distintas concepciones del bien que encontramos en la vida compartida y sopesamos cuáles de ellas son más adecuadas para responder al reto ético planteado. Cuando buscamos consejo acerca de lo que hacer, no hacemos otra cosa que deliberar, esto es ponderar las distintas razones para actuar y así aumentar la probabilidad de acertar. Una de las principales instituciones de la Atenas democrática se llamaba Boulé, el lugar de la deliberación y, en la historia posterior, los reyes y príncipes acostumbraban a rodearse de un consejo, formados por sabios en diversas materias, en el que encontrar las mejores razones para deliberar. Con el desarrollo de la matemática probabilística, ya en el siglo XVII, la deliberación se transformó en el cálculo de probabilidades.
En definitiva, las virtudes éticas, la prudencia y la deliberación son las aportaciones de Aristóteles a la ética de todos los tiempos.
Utilitarismo
La aparición del actor económico como protagonista de la nueva sociedad capitalista que despliega una racionalidad basada en la maximización del beneficio será otro de los momentos centrales de la modernidad que afectará a la ética. Ante este actor es necesario reflexionar sobre el horizonte ético de las virtudes: el utilitarismo ético, desarrollado por Jeremy Bentham primero y perfeccionado por su discípulo John Stuart Mill, será una respuesta, tan creativa como exigente, ante esta nueva situación social. Cualquier acción que quiera ser moral tendrá que pasar la prueba del cálculo utilitarista, es decir, que la acción tenga como consecuencia el mayor bien para el mayor número posible de personas.
Así, el actor económico, que parece sólo movido por la maximización del placer subjetivo (la acumulación de riqueza, fundamentalmente), encontrará en el utilitarismo un ideal moral que realizar. Bajo esta óptica, el utilitarista puro integra el interés social en el interés subjetivo para elegir la alternativa que, de manera agregada, mejor satisfaga a un colectivo en su conjunto. A pesar de esta aparente apuesta por el colectivo, la gran crítica al utilitarismo reside en el hecho de que siempre hay un resto que no se beneficia del mayor placer posible.
Deontología
La Ilustración también trajo consigo la comprensión de que la común racionalidad de los seres humanos, capaces de conocer y actuar conforme a principios, nos hace dignos de respeto. Esto se convierte en una exigencia de que la ética se ajuste a unos deberes universales que no dependan más que de la común humanidad. La filosofía moral de Kant ha sido clave en la formulación de esta idea y en su desarrollo en la dimensión jurídica y política: nuestras acciones han de sujetarse a deberes que tienen como fundamento la dignidad humana que nunca puede dejarse de lado en la acción moral.
Teoría de justicia de John Rawls
Será John Rawls, en el último tercio del siglo XX, el filósofo que renovará el deontologismo de Kant, integrando en este el utilitarismo de John Stuart Mill y Henry Sidgwick, a través de la formulación de los dos principios de justicia que respetan la dignidad humana a través de un método de razonamiento moral basado en la posición original y el velo de ignorancia: ¿cuáles serían los principios que elegiríamos para organizar una sociedad si no supiéramos cuáles son nuestras condiciones psíquicas, físicas y materiales iniciales? Según Rawls, elegiríamos un principio de libertad que garantice el máximo de libertades para que podamos desarrollar nuestros planes de vida y un principio de diferencia que garantice que solo vamos a permitir aquellas desigualdades que beneficien a los más desfavorecidos. De este modo, quedamos obligados por estos dos principios. La filosofía de John Rawls ha servido para tratar de garantizar la justicia como equidad en el diseño de las instituciones.
Martha Nussbaum mejora el marco de su maestro Rawls en un punto decisivo y es aquel que indica que es imprescindible contribuir a que todos los miembros de la sociedad puedan desarrollar aquellas capacidades que les hacen posible ejercer las libertades de las que habla Rawls. Su gran contribución, inspirada también por el trabajo del economista Amartya Sen, está en el desarrollo de la teoría de las capacidades. Así, una sociedad que respete la dignidad humana será aquella que contribuya al desarrollo en cada individuo de las siguientes capacidades: vida; salud física; integridad corporal; sentidos, imaginación y pensamiento; emociones; razón práctica, afiliación, otras especies, capacidad para jugar, control sobre el entorno propio (participación política, propiedad económica).
5. Decisión/puesta en común
Los diversos portavoces presentan sus principales soluciones y conclusiones, generando una inteligencia colectiva.